LA SALUD Y LAS EMOCIONES (Primera parte)

LA SALUD Y LAS EMOCIONES (Primera parte)

“Somos máquinas emocionales con inteligencia” (Goleman)

La sociedad actual sufre de problemas emocionales, es tan evidente que con sólo ver el periódico cae uno en la cuenta de esto. En México, los libros más vendidos son los de superación personal, todos estamos llenos de inquietudes y cuestionamientos acerca de cómo nos sentimos. Ahora, más que nunca, las personas asisten a terapia, participan en grupos terapéuticos, asisten a cursos de desarrollo personal, etc.
Nuestra formación, tanto en la familia como en la sociedad, no nos ha preparado para enfrentar las frustraciones, las angustias, las eventualidades de la vida cotidiana, en general no sabemos que hacer con las emociones ya que éstas se toman como si fuera algo inadecuado.
En realidad somos máquinas emocionales que piensan y las emociones son muy útiles si se aprovechan. Por ejemplo:
• Con la ira resulta más fácil defenderse de un enemigo y realizar una acción vigorosa.
• Con el miedo puede detenerte para poder pensar mejor qué respuesta dar
• La sorpresa nos coloca de manera que se puede idear el mejor plan de acción
• El disgusto bloquea las fosas nasales que ayuda a no ingerir un alimento perjudicial
• La tristeza ayuda a adaptarse a una pérdida
Como observamos, son reacciones naturales para ayudarnos realizar las acciones adecuadas. Cuando las combatimos, las negamos o las ignoramos, corremos el riesgo de dañar nuestro interior.
Las emociones también nos ayudan a ser empáticos (condición que hace que una persona comprenda profundamente a la otra hasta “colocarse en sus zapatos”) ya que la empatía se construye sobre la conciencia de uno mismo; cuanto más abiertos estamos a nuestras propias emociones, más hábiles seremos para interpretar los sentimientos. En cambio las personas que no tienen idea de sus propios sentimientos, se sienten totalmente perdidos cuando se trata de saber lo que siente alguien que está con ellos, son emocionalmente sordos, se sienten confundidos con respecto a sus propios sentimientos, también se desconciertan cuando otras personas les expresan los suyos, esta imposibilidad de registrar los sentimientos de otros es un déficit importante de la inteligencia emocional y un fracaso en lo que significa ser humano.
Existen diversas formas de ayudar a la persona a clarificar sus emociones, estas son, lecturas adecuadas, cursos de superación y terapia.
El problema NO es tener emociones, es saber qué hacer con ellas.
Las emociones básicas son: Miedo, alegría, tristeza, enojo y afecto (MATEA por sus iniciales) con esas venimos al mundo, no son buenas ni malas, son síntomas de lo que nos está afectando, avisos que nos ponen en alerta para hacer algo al respecto:
Si tengo miedo, puedo paralizarme, pero también puedo movilizarme con cuidado, tal vez en otra dirección.
Si tengo alegría, puedo dejar pasar, no verla y no disfrutarla, pero también puedo aprovechar la oportunidad para “cargar batería”
Si tengo tristeza, puedo caer en depresión, pero también puedo verbalizar y analizar aquello que me da tristeza y ponerle remedio.
Si tengo enojo, puedo gritar, insultar, maltratar a otros, puedo tragarme mi enojo y dañar mi organismo, pero también puedo poner límites, movilizarme, cambiar de estrategia
Si tengo afecto, puedo darlo por algo simple, no importante, no fijarme, pero también puedo aprovechar este afecto para aprender lo que es el amor y disfrutarlo.