Ventajas de las técnicas cognitivo-conductuales

Las técnicas cognitivo-conductuales han manifestado un muy elevado nivel de eficacia en el tratamiento de diversos problemas y trastornos psíquicos. A través de ellos es posible modificar la conducta del paciente y contribuir a la adquisición de hábitos de vida y comportamiento más adaptativos, trabajándose y modificándose también la base cognitiva que induce las comportamientos originales.

Con este tipo de técnicas se estimula la mente y la conducta, produciendo una mejoría clara en un gran número de casos. Su nivel de eficacia es tal que hoy en día es considerada la terapia de elección para la mayoría de trastornos mentales.

Otra gran ventaja de este tipo de técnicas es su adscripción al método científico, siendo las terapias, técnicas y tratamientos cognitivo conductuales contrastados a nivel experimental.

Los beneficios de la Programación Neurolingüística (PNL)

• Ayuda a resolver los conflictos personales e interpersonales, ayudando así a nuestras relaciones con otras personas, de manera que la empatización sea su punto más fuerte.
• Ayuda a guiar a los padres e hijos en unos sistemas de comunicación que beneficien a la relación haciendo que, como producto final, se obtenga un mismo objetivo.
• Sirve a las parejas para unificar sus ideas, de manera que sus interacciones sean recíprocas.
• Nos enseña métodos más efectivos de comunicación.
• Permite una mejor apreciación del entorno social

<strong>¿TENGO SANA AUTOESTIMA?</strong>

¿TENGO SANA AUTOESTIMA?

Nos encontramos a mediados de año con las baterías recargadas por las vacaciones y los encuentros familiares que han sido tan emotivos, encuentros que nos hacen reflexionar cómo nos relacionamos con nuestros seres queridos.

Aprovechando estas reflexiones podemos preguntamos cómo fuimos educados en cuanto a nuestra valoración personal ya que la formación de la autoestima de una persona se inicia en la familia de origen. Como principio fundamental de la autoestima es necesario considerar a la persona valiosa simplemente por ser un ser humano, esta creencia es inculcada por los padres. Con este principio ya se puede empezar a trabajar con la autoestima en los niños ¿De qué manera? El escritor Stanley Coopersmith en su libro “Los Antecedentes de la Autoestima“ dice que son cuatro las condiciones frecuentemente asociadas con la elevada autoestima en los niños.

1. El niño experimenta una total aceptación de los pensamientos, los sentimientos y el valor de su existencia.

2. El niño opera en un contexto de límites bien definidos y firmes.

3. El niño siente respeto por su dignidad como ser humano.

4. Los propios padres tienden a disfrutar de un alto nivel de autoestima.

Si esto no sucedió en nuestra infancia podemos tener una pauta de la inseguridad que sentimos, si no estamos proporcionando esto a nuestros hijos podemos comenzar a hacerlo ya.

El pasado no se puede cambiar, sin embargo hacernos conscientes de nuestras carencias nos ayuda a cambiar nuestro presente, podemos empezar a construir nuestra autoestima por medio de lecturas, reflexiones y ejercicios que nos ayuden a redefinir la percepción de nosotros mismos. Así mismo podríamos ayudar a que nuestra familia tenga una sana autoestima.

¿Qué tendríamos que hacer para construir una sana autoestima en el hogar?

La siguiente es una propuesta para fortalecer la autoestima en familia, esta consiste en hacer una invitación a todos los miembros para realizar dicho proyecto familiar, reuniendo a los que quieran participar y dialogar sobre los siguientes puntos:

• Cada miembro de la familia es valioso por el simple hecho de ser una persona.

• Los defectos son parte de la persona, no se la evalúa a partir de ellos.

• Cada uno describirá las cualidades de los otros miembros de la familia.

• Opinar sobre cómo se comunica la familia.

• Aclarar cuáles son los valores fundamentales en un consenso general de todos los integrantes de la familia.

Para realizar este proyecto es necesario contar con la buena disposición de todos los participantes, no se realizará de manera impositiva. No se impondrá la opinión de nadie, ni de los padres. La información que se obtenga en esa sesión será confidencial y no se utilizará en otro momento, con otras intenciones.

“La autoestima es una poderosa fuerza dentro de cada uno de nosotros”
Nathaniel Branden

EL RESPETO HACIA UNO MISMO, Nathaniel Branden
NUEVAS RELACIONES EN EL NÚCLEO FAMILIAR, Virginia Satir

<strong>EL AUTISMO</strong>

EL AUTISMO

Cómo identificar el autismo en la infancia

El autismo es un trastorno infantil que suele darse preferentemente en niños que en niñas.
Las habilidades de un niño autista pueden ser altas o bajas dependiendo tanto del nivel de coeficiente intelectual como de la capacidad de comunicación verbal.
¿Cuales son las causas del autismo?
Las causas del autismo aún son desconocidas. Pero existen algunas teorías:
1. Las relaciones del niño autista y su entorno y medio social. Se dice que el autista es así porque no ha recibido afectividad cuando era pequeño. Que ha tenido padres distantes, fríos, demasiado intelectuales.
2. Deficiencias y anormalidades cognitivas. Parece existir alguna base neurológica aunque no está demostrada.
3. Ciertos procesos bioquímicos básicos. Se ha encontrado un exceso de secreción de Serotonina en las plaquetas de los autistas.
Perfil de un niño autista
Un niño autista tiene una mirada que no mira pero que traspasa. En el lactante se suele observar un balbuceo monótono del sonido, balbuceo tardío, y una falta de contacto con su entorno, así como de un lenguaje gestual. No sigue a la madre y puede entretenerse con un objeto sin saber para qué sirve.
En la etapa preescolar el niño se muestra extraño, no habla. Le cuesta asumir el yo e identificar a los demás. No muestra contacto de ninguna forma. Pueden presentar conductas agresivas incluso a sí mismo. Otra característica del autismo es la tendencia a llevar a cabo actividades de poco alcance de manera repetitiva. El niño autista puede dar vueltas como un trompo, llevar a cabo movimientos rítmicos con su cuerpo tal como aletear con sus brazos.
Los autistas con alto nivel funcional pueden repetir los comerciales de la televisión o llevar a cabo rituales complejos al acostarse a dormir. En la adolescencia se dice que 1/3 de los autistas suelen sufrir ataques epilépticos lo cual hace pensar en una causa nerviosa.
Un resumen de los síntomas que pueden indicar que el niño sea autista
– Acentuada falta de reconocimiento de la existencia o de los sentimientos de los demás.
– Ausencia de búsqueda de consuelo en momentos de aflicción.
– Ausencia de capacidad de imitación.
– Ausencia de juego social.
-Ausencia de vías de comunicación adecuadas.
-Marcada anormalidad en la comunicación no verbal.
-Ausencia de actividad imaginativa, como jugar a ser adulto.
-Marcada anomalía en la emisión del lenguaje con afectación.
-Anomalía en la forma y contenido del lenguaje.
-Movimientos corporales estereotipados.
-Preocupación persistente por parte de objetos.
-Intensa aflicción por cambios en aspectos insignificantes del entorno.
-Insistencia irrazonable en seguir rutinas con todos sus detalles.
– Limitación marcada de intereses, con concentración en un interés particular.
¿Existe tratamiento?
La educación especial es el tratamiento fundamental y puede darse en la escuela específica o bien en dedicación muy individualizada (“Maternage”). Se puede recurrir a la psicoterapia aunque los resultados son escasos debido a que el déficit cognitivo y del lenguaje dificultan la terapéutica. El apoyo familiar es de gran utilidad. Los padres deben saber que la alteración autista no es un trastorno relacional afectivo de crianza. Es recomendable buscar y mantener contactos con asociaciones para padres de niños autistas.
Hay considerar también el tratamiento farmacológico, que deberá estar indicado por un medico especialista.
¿Se puede curar el autismo?
El autismo no tiene curación. Es un síndrome que definió en 1943 un psiquiatra de origen austriaco llamado Leo Kanner. Hoy en día, 50 años después, aún no se conocen las causas que originan esa grave dificultad para relacionarse. Se calcula que unos 350 niños en la Comunidad de Madrid conviven con el síndrome.
¿Lo que deben hacer los padres?
Los padres que sospechan que su niño puede ser autista, deben consultar al pediatra para que los refiera a un psiquiatra de niños y adolescentes, quien puede diagnosticar con certeza el autismo, su nivel de severidad y determinar las medidas educacionales apropiadas. El autismo es una enfermedad y los niños autistas puede tener una incapacidad seria para toda la vida. Sin embargo, con el tratamiento adecuado algunos niños autistas pueden desarrollar ciertos aspectos de independencia en sus vidas.

Los padres deben de alentar a sus niños autistas para que desarrollen esas destrezas que hacen uso de sus puntos fuertes de manera que se sientan bien consigo mismos. El psiquiatra, además de tratar al niño, puede ayudar a la familia a resolver el estrés; por ejemplo, puede ayudar a los hermanitos, que se sienten ignorados por el cuidado que requiere el niño autista, o que se sienten abochornados si traen a sus amiguitos a la casa. El psiquiatra de niños y adolescentes puede ayudar a los padres a resolver los problemas emocionales que surgen como resultado de vivir con un niño autista y orientarlos de manera que puedan crear un ambiente favorable para el desarrollo y la enseñanza del niño.

<strong>DE  LA TOLERANCIA AL AMOR</strong>

DE LA TOLERANCIA AL AMOR

La intolerancia es la neurosis de nuestro tiempo. El hombre se niega a reconocer al otro en su misma dimensión humana como un ser poseedor de razón. La intolerancia ha generado las más absurdas guerras, catástrofes y las más grandes atrocidades en nombre de la libertad y de la razón. Reconocernos en la diferencia y la pluralidad es reconocernos en la cultura, en una cultura de la tolerancia. (acevedolinaresa)

• Desde el seno familiar
En familia se forman a las personas y es donde se promueven las actitudes de convivencia de manera que sus miembros se puedan insertar en esta sociedad cada vez más compleja, cambiante y con un pluralismo cultural creciente.
Se educa para la convivencia cuando los padres se expresan y actúan con respeto a las diferencias y no a la discriminación. Aceptando la diversidad y los valores que consolidan la vida en democracia, permitiendo avanzar hacia formas más justas.
• La educación como medio de aceptación y respeto
La educación en México es de mayor calidad cuando se enseñan las actitudes de tolerancia al construir valores de convivencia y a formar ciudadanos con un espíritu de apertura ligado al concepto de dignidad humana y de respeto por las personas con sus diferentes capacidades, creencias, religiones, historias, ideologías, géneros y razas.
En este espacio se experimenta el reflejo del contexto social, por eso es ideal para que los alumnos comprendan y reflexionen acerca de la convivencia con respeto y actitud de aprendizaje, en donde se revisen las actitudes personales que favorecen o entorpecen la relación con sus compañeros y la resolución de los conflictos.
• La sociedad en general
Vivir en convivencia implica analizar modelos y valores que la sociedad nos ofrece para descubrir en ellos aspectos positivos e imitarlos o bien para identificar aspectos negativos y revisarlos.
• La tolerancia tiene sus límites
La tolerancia implica límites porque el bien y la verdad no se toleran, se aplauden, solo el mal y el error puede a veces tolerarse. Si el mal fuera ineludible, no se trata de tolerancia sino de capacidad de aguante. Es distinto soportar que tolerar sin embargo la tolerancia forma parte de la prudencia.

• Más allá de la tolerancia, el amor
La propuesta es realizar experiencias de solidaridad, amor, armonía, fraternidad, respeto y orden enfocados hacia el bien común, a sociedades más justas y a sentirnos hermanos de nuestros hermanos.
Debemos ser concientes de que generamos los inconvenientes que ahora padecemos, sin embargo podemos ser capaces de comprendernos como parte de la humanidad y por lo tanto ayudar a nuestros hermanos, con amor, humildad y sabiendo que con nuestras acciones y nuestros ejemplos podemos promover una distinta manera de vivir.
“Si alguien dice: Yo amo a Dios y odia a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto.”

<strong>¿Quién SOY?</strong>

¿Quién SOY?

ADOLESCENCIA

Los cambios en la adolescencia generan desconcierto a los jóvenes, sus cuerpos, sus mentes y sus relaciones con amigos y familiares, los enfrentan a rediseñar nueva visión de si mismos y de su comunicación, un camino, que se presenta de pronto, incierto y de difícil adaptación.

Es usual que el autoestima se vea afectada en la primera etapa de la adolescencia y que pueda mejorar mientras el proceso de maduración se va dando. Es la etapa de la búsqueda de la identidad, por lo que se sienten inseguros de quiénes son y si serán aceptados por los otros jóvenes de su edad. La aceptación se convierte en un tema vital para su estabilidad. Cuando no lo son, tienden a aislarse, sin saber bien cómo resolverlo y los padres también se encuentran desconcertados ante los nuevos comportamientos de sus hijos.

Las imágenes estereotipadas de los jóvenes en las revistas y películas, les mandan mensajes de imágenes deseables pero muchas veces poco reales, generando mucha frustración de no ser: tan bellos, tan bien vestidos, tan inteligentes, tan sofisticados, etc. Lo cual aumenta su desconcierto.

Ahora su vida ha cambiado y los motivos son no tener confianza en sí mismos por varios motivos:

• Ser criticados e incomprendidos por sus padres
• No ser aceptados por sus compañeros de escuela y/o amigos
• No responder a la imagen de belleza que se exige
• No tener experiencia de la vida
• Poseer inmadurez emocional
• No encajar en su medio social
• No ser tan exitoso en la escuela
• Exposición a comportamientos autodestructivos

Los padres

Puede suceder que los papás tengan herramientas para atender a sus hijos adolescentes, pero en ocasiones no es así, por lo que recurrir a profesionales que les ayuden en este sentido es muy válido.

La confianza en si mismo en el adolescente es un tanto diferente al adulto, ya que el adulto tiene experiencia de vida y madurez, sin embargo a los jóvenes les afectan situaciones que a los adultos les parecen intrascendentes, y suelen decirle cosas como: ya madura, pórtate como adulto, no eres un niño. Esto sucede porque a los adultos ya se les olvidó cómo fue en esa etapa de la vida, porque la situación con sus padres era de muy diferente manera, porque el mundo ha cambiado y nos tenemos que ajustar a las circunstancias actuales.

• Se puede fomentar la confianza en los jóvenes dándoles tareas y responsabilidades en donde puedan demostrar que lo pueden lograr, se les puede ayudar a sentir seguros y confiar en sí mismos.
• La formación de la voluntad y del uso de la libertad en los jóvenes se inicia desde la infancia, cuando se les permite tener retos, cumplir con sus deberes y tener consecuencias de sus actos.

• La comunicación con los jóvenes debe ser en dos sentidos, hablar y escuchar, ser considerado y también firme, tomar en cuenta las ideas y los sentimientos tanto de ellos como de los madres.

• El orden en casa en todos sentidos permite que los hijos crezcan en un hogar estable que proporcione la seguridad básica que requiere una persona para desarrollar sanamente su autoestima

• Las ansiedades y los miedos de los jóvenes es tema para poder platicar con los padres a quienes se les tiene confianza, no perdamos esa oportunidad de estar presente cuando nos necesiten.

<strong>¿QUÉ HAY DETRÁS DE LAS ADICCIONES?</strong>

¿QUÉ HAY DETRÁS DE LAS ADICCIONES?

Abraham Maslow, reconocido psicólogo americano, observa que las personas tienen enfermedades por deficiencia, es decir, causadas por la privación de ciertas necesidades fundamentales, similar a lo que sucede con el cuerpo cuando se tiene ausencia de vitaminas se originan enfermedades. Maslow divide las necesidades en el siguiente orden:

Necesidades fisiológicas: hambre, sueño, etc.
Necesidades de seguridad: la estabilidad, el orden
Necesidades de amor y pertenencia: la familia, la amistad
Necesidades de estimación: respeto por sí mismo, reconocimiento
Necesidades de autoactualización: desarrollo de las capacidades

Carecer de ellas causa vacíos difíciles de llenar y predispone a la persona a encontrarlas de otra manera. Los jóvenes adolescentes, sin experiencia, están más expuestos a satisfactores sustitutos como el alcohol, las drogas, a depender de los amigos, a asumir actitudes fanáticas, etc. El psicólogo Pepe Rodríguez define a los posibles adictos como “personalidades frágiles”, personas de baja autoestima, indefinidas en cuanto a su identidad, no definen sus límites. Desconcertados y desorganizados emocionalmente.

Muchas veces los padres no tienen idea de lo que viven sus hijos, se preocupan por ellos y sin embargo no saben cómo abordar la problemática, algunas veces se dedican a predicarles, algunos abordan a sus hijos de manera abrupta e impositiva, otros se desentienden del problema. Muchos no creen que sus hijos sean capaces de consumir substancias nocivas.

El joven por su parte, cree que los papás no saben lo que el vive, piensan que al probar el alcohol o alguna otra sustancia por una vez o por un corto tiempo, no va a suceder nada, además él no quiere verse “diferente” a sus amigos, piensa que los papás exageran, que no va a pasar nada. Para no tener problemas con los padres prefieren hacer las cosas clandestinamente se hacen cómplices de sus amigos.

Un programa de prevención de adicciones puede ayudar al joven a clarificar lo que significa una adicción, qué condiciones se dan en la persona propensa a las adicciones, cómo funciona el cuerpo con las distintas sustancias y de que manera se hacen dependientes. Este programa, en forma de taller, propicia al joven a que resuelva sus inquietudes con otros jóvenes y con guías que lo pueden orientar.

La Organización Mundial de la Salud, determinó que el alcoholismo y las adicciones a otras sustancias, se clasifican como enfermedades. No es cuestión de voluntad, por eso es que un programa preventivo orientado a los jóvenes los podría alertar e informar de manera amplia y clara.

Lelia Bartlett Díaz.

El siguiente cuestionario te puede ayudar a detectar si tu hijo adolescente tiene algún problema.

Contesta SI o NO

Tu hijo se ha vuelto retraído, incluso se aparta de sus amigos

Tu hijo parece enfermo o decaído

Desaparece dinero de tu bolsa sin saber quién lo tomó

Cuando llega tu hijo a casa evita saludarte

Ha bajado el rendimiento escolar de tu hijo

El arreglo personal de tu hijo ha desmejorado

Detectas cambios en sus rasgos físicos

Sabes con quien se reúne tu hijo

Tu hijo confía en ti

Has notado cambios en su régimen alimenticio

Si la mayoría de tus respuestas son afirmativas, algo definitivamente pasa con tu hijo y es necesario que pongas atención y busques orientación de un profesional.

Adaptarse o morir

Adaptarse o morir

Desde muy pequeños, unos más que otros, vamos desarrollando la capacidad de adaptación, haciendo un sin fin de cosas para salir adelante en la vida. Tanto la resistencia al cambio como dar el paso genera mucho stress y ese es el reto de la vida. Charles Darwin habla de adaptarse o morir. Desde niños buscamos las mejores formas de adaptación para vivir en el ambiente familiar. A partir de que el niño descubre la conciencia de sí mismo se inicia un conflicto constante en las decisiones que tiene que tomar, obedecer a sus padres o no, tener una opinión diferente, decir la verdad o mentir.

En este camino de la adaptación, las elecciones no siempre son las mejores para la salud emocional, por ejemplo: Si en casa la crítica de los padres es muy severa, el niño puede adaptar una respuesta callada para no tener problemas. O si en casa se ve mal que se expresaran los sentimientos, la persona aprende a ocultarlos, teniendo como consecuencia una limitación para relacionarse afectivamente con los otros. O el caso de que los padres son sumamente exigentes, el niño se esforzará en la búsqueda de la perfección para ser aceptado por sus padres

Algunas de las formas que adoptamos para poder sobrevivir son:

• La mentira
• La sumisión
• La agresión
• La imposición
• El silencio
• La represión de las emociones
• La complicidad

Estas formas pueden ser funcionales o disfuncionales dependiendo del contexto y de cómo benefician o perjudican a la persona y sus relaciones.

Cuando estas formas atentan contra el individuo, este puede tener respuestas como:

• Sentirse dividido por dentro, como si hubiera dos partes de si mismo que están una en contra de la otra.

• No sentirse apto para el uso de su libertad, pérdida de la identidad y poca claridad de sus necesidades.

• Tener la autoestima dañada que genera un sentimiento de incapacidad personal. No sentirse digno de ser feliz.

• Estar en continua angustia o ansiedad, dicha sensación es producto de su propia percepción.

• Sabotearse a si mismo, no hacer uso de su energía para apoyarse.

• Pérdida del sentido de vida, llevando la existencia como una carga sin fin.

Cuando se hace un hábito de este tipo de vida se puede llegar a creer que “así es la vida” y tener pensamientos como estos: es más fácil seguir como estoy que cambiar con la posibilidad de ser feliz.

Aceptación

Sin embargo quien vive las experiencias descritas arriba sabe que sufre, quiere cambiar y por lo general busca ayuda. Al darse cuenta de la angustia, el miedo, la depresión y la culpa se descubren las limitaciones y también se pueden encontrar las fortalezas.

El conocimiento de uno mismo puede llevarnos a aceptarnos como somos: confusos, cambiantes, con miedos, sin embargo la aceptación de uno mismo, da una enorme sensación de libertad.

Lelia Bartlett Díaz

LA SALUD Y LAS EMOCIONES (Primera parte)

LA SALUD Y LAS EMOCIONES (Primera parte)

“Somos máquinas emocionales con inteligencia” (Goleman)

La sociedad actual sufre de problemas emocionales, es tan evidente que con sólo ver el periódico cae uno en la cuenta de esto. En México, los libros más vendidos son los de superación personal, todos estamos llenos de inquietudes y cuestionamientos acerca de cómo nos sentimos. Ahora, más que nunca, las personas asisten a terapia, participan en grupos terapéuticos, asisten a cursos de desarrollo personal, etc.
Nuestra formación, tanto en la familia como en la sociedad, no nos ha preparado para enfrentar las frustraciones, las angustias, las eventualidades de la vida cotidiana, en general no sabemos que hacer con las emociones ya que éstas se toman como si fuera algo inadecuado.
En realidad somos máquinas emocionales que piensan y las emociones son muy útiles si se aprovechan. Por ejemplo:
• Con la ira resulta más fácil defenderse de un enemigo y realizar una acción vigorosa.
• Con el miedo puede detenerte para poder pensar mejor qué respuesta dar
• La sorpresa nos coloca de manera que se puede idear el mejor plan de acción
• El disgusto bloquea las fosas nasales que ayuda a no ingerir un alimento perjudicial
• La tristeza ayuda a adaptarse a una pérdida
Como observamos, son reacciones naturales para ayudarnos realizar las acciones adecuadas. Cuando las combatimos, las negamos o las ignoramos, corremos el riesgo de dañar nuestro interior.
Las emociones también nos ayudan a ser empáticos (condición que hace que una persona comprenda profundamente a la otra hasta “colocarse en sus zapatos”) ya que la empatía se construye sobre la conciencia de uno mismo; cuanto más abiertos estamos a nuestras propias emociones, más hábiles seremos para interpretar los sentimientos. En cambio las personas que no tienen idea de sus propios sentimientos, se sienten totalmente perdidos cuando se trata de saber lo que siente alguien que está con ellos, son emocionalmente sordos, se sienten confundidos con respecto a sus propios sentimientos, también se desconciertan cuando otras personas les expresan los suyos, esta imposibilidad de registrar los sentimientos de otros es un déficit importante de la inteligencia emocional y un fracaso en lo que significa ser humano.
Existen diversas formas de ayudar a la persona a clarificar sus emociones, estas son, lecturas adecuadas, cursos de superación y terapia.
El problema NO es tener emociones, es saber qué hacer con ellas.
Las emociones básicas son: Miedo, alegría, tristeza, enojo y afecto (MATEA por sus iniciales) con esas venimos al mundo, no son buenas ni malas, son síntomas de lo que nos está afectando, avisos que nos ponen en alerta para hacer algo al respecto:
Si tengo miedo, puedo paralizarme, pero también puedo movilizarme con cuidado, tal vez en otra dirección.
Si tengo alegría, puedo dejar pasar, no verla y no disfrutarla, pero también puedo aprovechar la oportunidad para “cargar batería”
Si tengo tristeza, puedo caer en depresión, pero también puedo verbalizar y analizar aquello que me da tristeza y ponerle remedio.
Si tengo enojo, puedo gritar, insultar, maltratar a otros, puedo tragarme mi enojo y dañar mi organismo, pero también puedo poner límites, movilizarme, cambiar de estrategia
Si tengo afecto, puedo darlo por algo simple, no importante, no fijarme, pero también puedo aprovechar este afecto para aprender lo que es el amor y disfrutarlo.

SER PADRES

SER PADRES

Continuamente los padres se sienten inseguros de cómo educar a sus hijos, tienen claro que los aman, que quieren lo mejor para ellos y sin embargo se sienten culpables de disciplinarnos en exceso.

La Dr. Baumrind, estudiosa de las relaciones padres-hijos establece tres categorías de estilos de crianza y comportamiento de los niños, reproduzco a continuación el texto tomado del libro Desarrollo Humano:

1. Los padres autoritarios valoran el control y la obediencia ciega, tratan de moldear a los hijos según un estándar de conducta y los castigan cuando se salen de dicho patrón, se mantienen más alejados de los hijos y son menos afectuosos que otros padres. Sus hijos tienden a ser más descontentos, retraídos y desconfiados.

2. Los padres permisivos valoran la expresión de los niños por sí mismos y la autorregulación, exigen poco y permiten que los niños controlen sus propias actividades –hasta donde sea posible-. Ellos consideran que deben ser un apoyo para sus hijos y no modelos o fijadores de normas, explican las razones de las pocas reglas familiares que existen, consultan las decisiones con sus hijos y casi nunca los castigan. Estos padres no controlan, no exigen y son relativamente cálidos. Sus hijos tienden a ser inmaduros (tienen menos autocontrol) y son menos exploradores)

3. Los padres democráticos respetan la individualidad del hijo, pero al mismo tiempo le inculcan los valores sociales, dirigen sus actividades de manera racional, prestan atención a las consecuencias antes que al miedo del niño al castigo o a la pérdida del amor. Puesto que confían en su capacidad para guiar a los niños, respetan los intereses, las opiniones y la individualidad de la personalidad. Son amorosos y exigentes; su comportamiento es coherente y respetan las decisiones independientes de los hijos, pero también son firmes en el acatamiento de las normas y en la imposición de castigos moderados. Explican las razones que hay detrás de su posición, animan a los hijos para mantener la comunicación verbal y combinan el control con el estímulo. Es evidente que sus hijos se siente seguros al saber que son amados y al conocer lo que se espera de ellos. En el preescolar, los hijos de padres democráticos tienden a ser seguros, calmados, dominantes, exploradores y contentos.

Actualmente algunos padres queriendo evitar el autoritarismo, caen en el extremo contrario, siendo permisivos. Con el autoritarismo se genera una dirección supervisada al gusto de los padres, lo que hace que el hijo no adquiera mayor consciencia de por qué hace las cosas, tarde o temprano se podrá zafar de dicha vigilancia y actuar clandestinamente. En el caso de los padres permisivos, tampoco los niños toman conciencia al no tener consecuencias de sus actos, ya que los padres amortiguan dichas consecuencias disculpándolos en exceso. En los dos casos los niños no se responsabilizan de si mismos, les queda un mensaje velado de que “alguien más” responderá por ellos.

La reflexión nos lleva a revisar seriamente cómo queremos que respondan lo hijos cuando sean adultos, la propuesta es ayudarlos a que desde pequeños que aprendan a tomar decisiones y vivan las consecuencias de ellas, ya que la experiencia da las mejores lecciones.
Desde pequeños los niños pueden aprender a distinguir lo que les hace bien y lo que les hace mal, ya sea por su experiencia o por la guía de sus padres. Una buena formación de los niños implica de parte de los padres:
1. Ser equilibrados
2. Congruentes
3. Firmes en las decisiones
4. Saber ser flexibles en el momento adecuado
5. Poner reglas accesibles y claras
6. No hacer por ellos, lo que ellos pueden hacer por si mismos: Bañarse, vestirse, comer, recoger y lavar sus platos, hacer su cama, etc.
Ayuda a tus hijos a ser autosuficientes, excelente ya que no siempre estarás con ellos.